El Atletico de Costa

Ángel Correa ilusionó a la parroquia rojiblanca nada más aterrizar en el Vicente Calderón. El Atlético de Madrid era un equipo ultra competitivo y sólido pero que no disfrutaba de ningún futbolista con la imaginación del pequeño mediapunta argentino. Quizá por esa distancia a la hora de vivir este juego –sufrimiento contra diversión-, su adaptación no fue tan automática como otras. Mas ahora, en el que es su tercer curso en España, está convenciendo como nunca.
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En apenas media temporada ya ha superado el número máximo de goles que había marcado en cada uno de sus dos campañas iniciales. Ese es el valor supremo y de ahí el extra de credibilidad que se ha ganado. Pero más allá del frío dato, hay un par de circunstancias que también están ayudando a que se le vea más competitivo: está haciendo casi el mismo daño desde la banda que como segundo delantero y, sobre todo, ha reducido bastante la cifra de pérdidas en lugares y momentos inadecuados que tantos contragolpes peligrosos le costaron al castigado sistema defensivo.
Ocurre que la realidad del Atlético de Madrid va a experimentar una transformación total una vez Diego Costa se afiance en el día a día del equipo. Y a tenor de lo insinuado en las últimas semanas, el plan va a tender hacia fases de repliegue más retrasado cada vez que sea posible de cara a fabricar al delantero centro el contexto desde el que ayudó a los colchoneros a ganar la Liga de 2014, durante la cual su función consistía en que el Atleti, atacando con pocos, superara a muchos defensas. Es decir, Costa inspiraba un discurso ofensivo donde la verticalidad y la velocidad eran notas imperantes.
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Dicho marco no beneficia sobre el papel a Ángel Correa, que si bien posee el don de la jugada individual y, por tanto, no necesita demasiados apoyos para marcar diferencias, sí que se trata de un especialista del espacio reducido que en campo abierto, debido a su falta de potencia en las distancias largas, queda muy difuminado.
El éxito de Correa compartiendo ataque con Diego Costa, sea como segundo punta o como hombre de banda, pasaría por la variante de que Diego Costa gane juego directo y guarde el balón a la espera de que llegue la segunda línea; o por un sistema de juego directo hacia Costa y segundas jugadas que requeriría que Correa fuese liberado de contribuciones defensivas para que le pillara más arriba y cerca del hispano-brasileño. Habrá que ver a tan pintoresca -aunque, a su vez, dotada- mezcla antes de prejuzgarla. Su fruto es imprevisible.
Con Ángel Correa me surge la duda de qué es más importante: el regate, el pase o la definición. Porque creo que el gol es el que más valor aporta a un futbolista, el regate es lo más difícil de encontrar y de lo más valioso para un equipo y la calidad en el pase lo que te convierte en un futbolista superior. Y Correa falla en dos de las tres teniendo la más natural y desequilibrante en cuanto a situaciones de juego. Para el Atlético es, en parte, vital tener un jugador nº12-13 con estas características, pero en la evolución de Correa, que la está habiendo a pesar de que parezca el mismo jugador que recibe y regatea, se siguen echando en falta en cosas.