Un Puñetazo al Barsa

En la rueda de prensa posterior al partido, Eder Sarabia -segundo técnico del Betis- afirmó que una de las dificultades de combatir a este Barça de Valverde reside en que nunca se pone nervioso. No se trata de un equipo que nunca sufra o, al menos, que nunca se sienta molestado, pero sí de uno que entiende que eso forma parte del juego y que, si aguanta sin fallar, va a llegar su hora. Anoche, el Benito Villamarín dificultó su fútbol durante más de 45 minutos, pero en todo momento, el líder transmitió que estaba tranquilo y que iba a ganar.
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El planteamiento del Real Betis estribaba en una presión a todo campo que impidiera que el balón llegara a Messi y que ofrecía espacios sólo a Luis Suárez. La forma que tuvo de protegerse o de ganar confianza para ir tan arriba consistió en una serie de ajustes en su sistema entre los que destacaron que Javi García bajó un escalón para formar defensa de tres con Feddal y Mandi, que los laterales Francis y Durmisi se fueron muy arriba para emparejarse en la presión, a menudo, contra los propios laterales del Barça (esto es algo que ya ha hecho varios rivales del Barça con consecuencias interesantes) y que sus tres delanteros cerrasen sus posiciones para trabajar sobre el triángulo Piqué-Vermaelen-Busquets. Quizá, lo más complicado e insostenible radicaba en que Setién/Sarabia pidió a su improvisado doble pivote, Guardado-Fabián Ruíz, que saltaran a la presión sobre Busquets cuando Joaquín o Tello no llegaran, lo que abandonaba a uno en la zona de Messi asumiendo un gran riesgo. Un riesgo que en lo referido a Leo estuvo relativamente bien controlado, pero que Sergi Roberto, en posición intermedia entre el interior y el extremo, se encargó de incendiar para, poco a poco, ir retrasando la presión andaluza y cediendo la iniciativa al Barcelona.
Tras la vuelta del descanso, el Betis renovó sus votos y volvió a ir hacia arriba, con el extra de que se atrevió a buscar más por dentro a Fabián, Guardado y Joaquín cuando tuvo la pelota. Durante el primer tiempo, sus posesiones habían sido en exceso verticales y eso le había expuesto a un desgaste demasiado continuo en la presión, y logrando jugar más con su triángulo asociativo, obtuvo sus primeros minutos de dominio real -que no aplastante- en el encuentro. De hecho, Valverde ya había planeado el ingreso de Paulinho seguro que para cambiar el ritmo defensivo en la medular y castigar al contraataque. Pero antes de que pudiera producirse la sustitución, el cansancio (mental y físico) derivó en el primer error del Betis y el Barça, que lo había esperado con paciencia, castigó. Y rápidamente, otro golpe. Y ahí, el Betis sintió que ya era imposible.
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Tras el 0-2, el Barça se puso ese traje suyo que parece o un esmoquin con casco de albañil o un mono de peón de obra con una pajarita negra al cuello. Su fútbol consigue emitir una jerarquía que, en este momento, en Europa, quizá ni siquiera esté alcanzando el rico ataque posicional del Manchester City en Inglaterra, pero no nace en la pelota, sino en su presión. El Barça de Valverde está mezclando a Cruyff con Sacchi para, desde ese 4-4-2 con interiores en las bandas, comerse al adversario posicionalmente a poco que este baja el pistón.